Los que deberían descender son los promedios
Con Central ya salvado del descenso por esta temporada (y esperando que no pase lo mismo en la que viene), les copio una interesante nota sobre los promedios en el fútbol argentino que salió en el diario Crítica de la Argentina...
Durante 19 partidos, más esa tortura de 180 minutos que significa la Promoción, los jugadores –y el técnico– de Gimnasia y Esgrima La Plata sufrieron demasiado por algo que –quizá– no debían. Salieron novenos en la temporada general –arriba de Racing (11º) , River (15º) e Independiente (18º)–, pero el sistema de promedios para el descenso los obligó a revalidar su lugar en la Primera División. Así de injusto. Desde que se crearon los torneos cortos, en 1991, se registraron 44 descensos. Sin embargo, de no haber existido el actual método, la historia de 17 equipos (el 38,6%) hubiera sido distinta. Gimnasia se quedó en la A, pero si no hubiera existido el infame cociente, no habría tenido que esperar hasta los 46 minutos del segundo tiempo del partido del domingo contra Atlético de Rafaela.
Los promedios se implementaron por primera vez en 1957, cuando la Asociación del Fútbol Argentino decidió tomar las últimas tres temporadas para la pérdida de categoría. El experimento duró seis años. La vuelta –¿para siempre?– tuvo lugar en 1983 con Julio Grondona como presidente de la AFA. Con la nueva tablita se buscaba sostener a los clubes más grandes, que pueden tener un año malo, pero difícilmente tengan tres al hilo. Sin embargo, uno de los primeros en caer con el método fue Racing. El otro fue Nueva Chicago. De lo contrario, se hubieran ido Racing de Córdoba y River.
Gimnasia pagó esta temporada los pecados de las anteriores. En la 2006/07 sumó 40 puntos. Paradójicamente al Lobo lo salvó el promedio. Si no hubiera existido, se habría ido a la Promoción. Lo mismo ocurrió en la 2007/08, cuando sumó 36 unidades. También zafó de la reválida. Pero estos jugadores –los actuales–, que no son los mismos que los de hace dos años, como tampoco son los mismos los dirigentes ni el técnico, debieron gambetear el descenso; fueron ellos los que sufrieron hasta el final. Por ejemplo, de la formación inicial que perdió 0-7 frente a Estudiantes, en el Apertura 2006, sólo jugaron el domingo Esteban González y Juan Cuevas.
Tampoco Rosario Central habría necesitado este año ir a la Promoción. En rigor, hubiera tenido que desempatar con San Martín de Tucumán, que a su vez, no habría descendido directamente. Entenderlo quizá resulte tan complicado como lo es para los hinchas saber de qué manera sus equipos podrán salvarse de la B Nacional.
Hubo otras historias que sirven como argumento para tirar a la basura el sistema de promedios. En 1989, por ejemplo, Argentino de Rosario salió subcampeón de la B Metropolitana. Pero en el promedio no le alcanzó para mantener la categoría. Lo de Talleres fue insólito. Ocurrió hace poco, en 2004. El equipo que dirigía Juan José López –más conocido como Jota Jota– la rompió. Terminó tercero, un puesto por el que se clasificó para jugar la Sudamericana. Pero la tabla del terror lo condenó. Ni copa ni nada: previo paso por la Promoción, terminó en la B Nacional.
Este año fue peor para Talleres, que bajó al torneo Argentino A. Con uno de sus rivales sucedió un hecho curioso. Fue cuando se enfrentó con la Comisión de Actividades Infantiles (CAI). Por obra y arte de los promedios, y de las diferencias que existen entre los equipos metropolitanos y del interior, al equipo de Comodoro Rivadavia le convenía perder frente a los cordobeses. Si hiciéramos la cuenta, nos ocuparía otra nota. Al final, empataron.
Ni siquiera se oculta que el sistema existe para beneficiar a los más poderosos. Está para eso: Independiente, en esta temporada, hubiera terminado en Promoción. Pero pocos –muy pocos– son los que se animan a discutirlo. Dicen que es un invento argentino. ¿Será para el orgullo?
Nota original: CriticaDigital
