Fue hace muchos años, a fines de los 70 o principios de los 80. La dictadura estaba en el pico de la represión y “las Madres” eran todavía eso, “las madres”, sin más. Hacían sus primeros contactos con el exilio y desconfiaban. En su manera de mirar, en el tono de voz, presentíamos una pregunta que no llegaban a formular: ¿Por qué unos sí y otros no?, ¿por qué la suerte nos había exceptuado?, ¿qué habríamos hecho para sobrevivir? Todo estaba pasando todavía, ellas estaban en carne viva y aún no habían aprendido cómo funcionaba la máquina de matar: eran madres en busca de sus hijos y esos hijos habían sido nuestros compañeros. Por eso las rodeábamos cada vez que llegaban a Madrid. Por eso aquel jueves acompañamos a Hebe y a María Adela a hacer su ronda habitual, pero no en la Plaza de Mayo sino a 12 mil kilómetros de distancia, frente a la sede de la embajada argentina. Leer más »