13
Dic
2011

"Los días que cambiamos la historia"

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Las fechas con relevancia histórica y los aniversarios obligan normalmente a realizar un balance. Pero más allá de su carácter histórico, cuando se tratan de hechos sociales suelen tener importancia porque determinan cómo entendemos la actualidad. Y los diez años que pasaron desde aquellas jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 en argentina no son la excepción. Ya casi sobre la fecha, los diarios, las radios, los programas de Tv y hasta las editoriales comienzan a llenarse de balances, recordatorios y crónicas a la distancia, que lejos de ser simples historias anecdóticas despolitizadas, o incluso, desprovistas de parcialidad (como suelen presentarlo aquellos que sostienen la ingenua idea de que se puede ser cronista neutral de la historia y del periodismo) esconden los grandes conflictos y debates de la hora actual.

Diciembre trágico o pueblada nacional.

Creemos indispensable acordar en principio que los grandes medios de comunicación tienen, cada uno, su propia línea política, que a esta altura nadie dudaría en afirmar, defienden distintos intereses políticos y empresariales. Pero con temas como este, algunas de esas diferencias parecen diluirse en ideas macro o generales solo matizadas por el lenguaje y al público al que apuntan. En este caso la línea editorial de los grandes medios parece acordar en la idea de resaltar sólo el aspecto negativo de aquellos días de candor popular de diciembre. Títulos, notas, libros y programas especiales reviven esa visión trágica que pone en primer plano solamente la terrible situación que vivíamos los argentinos. Saqueos, hambre, asesinatos, desorden, represión, y caos, son algunas de las palabras preferidas de estas líneas editoriales.

Desde nuestro lugar, no negamos esa parte de la efeméride que, efectivamente 10 años atrás, nos causo tanta angustia y desesperación. Pero como todo fenómeno social, este esta poblado por varios aspectos. Aspectos que están entrelazados de forma indisoluble y componen el complejo entramado del 19 y 20 de diciembre y de la política argentina en general. Lo que por omisión o deformación histórica se trata de ocultar, o silenciar, es el otro aspecto. El de la participación y del protagonismo de miles de argentinos en la vida política del país y, principalmente, en el cambio de paradigma que con ello se generó.

Mujeres con niños, trabajadores, jubilados, desocupados, estudiantes, profesionales, amas de casa, etc., etc. que “juntos” dijeron basta. Basta a dejar que un grupo de políticos profesionales decidiera sobre la vida de millones. Basta de que reinen soberanos los intereses de unos pocos por sobre la necesidad de las mayorías. Basta al artículo 22 de la constitución que establece que "El pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución”. Y no un basta basado en las ideas, ni en hipótesis de un futro mejor sin representantes. Un basta basado en la practicas de años de saqueo, postergaciones y necesidades negadas.

Este basta hecho cuerpo….intenta ser desaparecido de la historia oficial. Y es ahí donde el recuerdo histórico tomas ribetes de actualidad.

Inicio o continuación.

La negación de este aspecto tiene a los fines históricos negar que sea parte de las experiencias en las que los argentinos aprendimos a utilizar la participación directa como herramienta para lograr objetivos colectivos. Desde aquel mayo de 1810 donde el pueblo “quería saber de que se trataba”, pasando por el 17 de octubre del surgimiento a la vida política de grandes contingentes de trabajadores hasta el momento vetados de voz, pasando por las experiencias provincianas del Cordobazo, el rosario o el correntinazo. Y es que en cada momento de la historia fue el ´pueblo el que tomó los problemas en sus manos, el que dejó de delegar y ser relegados a decidir sólo cuando nos llaman a emitir un voto. En este mismo camino de negación podemos rastrear la invicibilizacion de los procesos que mas acá en la historia llevaron a la gestación de aquella pueblada de diciembre. La idea de un hecho “espontaneo” nacido solo de la avaricia de una clase media dolida por la incautación de sus ahorros pone un manto de ocultamiento sobre todas la luchas que a lo largo y a ancho del país enfrentaron la política de los 90 encarnada en el gobierno del actual senador Carlos Saúl Menem. Porque la historia tiene esa cualidad. Mostrar la continuidad, la gestación, el crecimiento y el nacimiento de los fenómenos sociales. Sin ese afán ocultista no se puede entender por qué desde esos medios o corrientes de pensamiento se “olvidan” de hechos como el Cutralcazo, donde los trabajadores desocupados del petróleo aprendieron a utilizar el piquete como método de protesta, en el momento en el que habían quedado, por estar fuera de la producción, sin la posibilidad de hacer paros dentro de las fabricas.

Puebladas como las de Tartagal y Mosconi, y la de Libertador y los Jujeñazos que terminaron en la calle con el mandato de cuatro gobernadores, la marcha federal que en 1994 recorrió todo el país unido a los mas diversos sectores políticos y sindicales contra la política del menemato o la marcha federal estudiantil contra las políticas de De La Rua que culmino con 400 mil personas en plaza de mayo. En todo el periodo de gestación del 19 y 20 de diciembre el país fue conmocionado por innumerables estallidos populares.

Y es que negando esta gestación, también se puede negar la paternidad de esa gran escuela que fue diciembre del 2001. Porque mas allá de las operaciones políticas que impulsaron el desorden o los saqueos el indudable padre de todo fue el pueblo argentino.

Devolver la política a la gente o arrebatársela de las manos.

Otra de las grandes discusiones que en estos días recorre y recorrerá la conmemoración tiene que ver con ese protagonismo. Y desde estos sectores “invicibilizadores”, que van desde la clásica derecha hasta el nuevo progresismo, se impulsa la idea de que a partir de esos días y con la restitución de cierta confianza en las instituciones (destrozada en el 2001) nada cambió. Con expresiones del tipo “al final tanto quilombo pero todo sigue igual”, se va construyendo un relato que deforma las conquistas que se supieron conseguir. Y es que detrás del generalizado “que se vayan todos” al que muchos acusan vacio de contenido e intencionalidad política o directamente de manifestación anti política pudimos como pueblo colar otras discusiones y exigencias. Ese que se vayan todos tenía en su seno la expresión del cansancio de una forma de hacer política, y traía bajo el brazo reivindicaciones históricas. La lucha por el reconocimiento y contra la impunidad de quienes violaron los derechos humanos durante la última dictadura militar, tuvo a las organizaciones populares y de derechos humanos rodeada de la solidaridad de miles de argentinos que todos los años exigían el fin de los indultos y la obediencia debida. Mucho antes entendimos, pero en esas fechas expresamos, el repudio a esa deuda externa contraída por los militares y que como un gran collar de plomo impedía (e impide) el desarrollo de nuestra economía. Entre las cientos de banderas argentinas que recorrieron las calles por aquellos días, la de Malvinas con el reclamo de la soberanía reinaron patriotas. Años de lucha por políticas sociales para los trabajadores que después de la ola de deforestación industrial habían quedado en la calle, los cuales elevaban los reclamos de los más explotados del país en las nacientes organizaciones de desocupados. Desprecio por las mentirosas construcciones mediáticas de los grupos que decidían que era realidad y que no con solo armar su programación noticiosa se hizo carne en cada día de aquella lucha y en adelante con la destrucción de la credibilidad de esos grandes medios, que volvió a permitir poner la mirada en la comunicación comunitaria y popular y a exigir sea respetada la información como un derecho y no como una mercancía. Y por supuesto la participación política. En general pero principalmente la juvenil, que volvía a renacer después de una década marcada por la despolitización de la sociedad, no así de este y otros actores fundamentales que siempre se mostraron firmes ante el saqueo de país.

En el actual relato sostenido por el gobierno y sus teóricos resulta útil negar estas cuestiones. Según esta construcción los argentinos en general y los jóvenes en particular “despertaron” a la política gracias a sus políticas. Esto solo puede entenderse negando la historia. Negando los fenómenos que hicieron de aquel 19 y 20 de diciembre un faro no solo par nuestro futuro sino para todos los países del mundo que pretende un futuro mejor para su pueblo. Sosteniendo esa idea de que nada cambio. De que los cambios a favor de las grandes mayorías “nacieron en el 2003”. Y con esto negando toda nuestra experiencia con la que pudimos parir construcciones colectivas como las fabricas recuperadas o la economía solidaria, negando la historia de lucha de los medios comunitarios y populares desde décadas por una comunicación democrática y plural, negando las asambleas populares y los miles de movimientos por la cultura, barriales y sociales que generamos desde abajo, negando la lucha del conjunto de los argentinos contra las leyes de obediencia de vida y punto final, negando la lucha de los desocupados que obligo a Duhalde a crear un millón de planes sociales para contener los reclamos o la lucha contra el pago de la deuda que obligo a Rodríguez Saá a declarar el default para intentar generar algún consenso social ante la debilidad de su gobierno. Cercar o sectorizar la participación es negarle al pueblo todo su condición de actor fundamental y activo en los días 19 y 20 de diciembre del 2001, es no entender que a la historia la cuentan los historiadores pero la escribe el pueblo.

Seguramente este debate no esta cerrado, ni es nuestra intención darle un cierre. Pero si creemos necesario un debate claro en donde, como aquellos días, todos participemos y tengamos vos. Porque como aprendimos hace 10 años cuando destrozamos de una patada el “no te metas” que intento instaurar la dictadura nuestro protagonismo es, fue y será la garantía de un país donde quepamos todos.

Editorial del programa especial sobre 2001 de
Bárbaros (FM Universidad 103.3 MHz - Rosario)

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