21
Oct
2011

La situación en Libia

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Muammar Gadafy encabezó durante más de 40 años, a partir del golpe de Estado que lo llevó al poder en 1969, un régimen tiránico que, muy lejos de los objetivos nacionalistas y antiimperialistas que lo inspiraron en sus inicios, terminó subordinado al socialimperialismo soviético en los ’70 y a diversos monopolios y gobiernos europeos y de China en las décadas que siguieron.

Gadafy cae tras seis meses de guerra civil iniciada en febrero con una gran rebelión popular, parte de la oleada de levantamientos antidictatoriales y democráticos en casi todos los países árabes del norte de África y el Medio Oriente, y en medio de una brutal intervención armada de la OTAN.

Pero ya el jueves 1° de septiembre sesionó en París una “Conferencia de apoyo a la nueva Libia” con la presencia de 60 países y organizaciones internacionales que apoyaron el levantamiento anti-Gadafy secundado por las bombas de la OTAN.
Allí se legitimó como nuevo gobierno libio al Consejo Nacional de Transición (CNT), y se delineó el programa para la transición hacia un Estado “democrático, constitucional e islámico”, medidas para la reconstrucción económica y el desbloqueo de fondos libios congelados por las sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU al régimen de Gadafy. Todo desembocaría en elecciones presidenciales en algo menos de dos años, previo reparto –según ya se va viendo– de los principales rubros económicos del país (el petróleo y el gas) entre los monopolios imperialistas y sus socios locales.

El Consejo Nacional de Transición (CNT) es una coalición heterogénea. Se constituyó originalmente para coordinar la lucha democrática armada contra la dictadura de Gadafy, reuniendo a ex ministros del gadafismo, antiguos miembros de la oposición en Libia o en el exilio, y personalidades de distintos orígenes y orientaciones, incluyendo el nacionalismo árabe, islamistas, secularistas, socialistas y empresarios.

La rebelión libia se inició en marzo como parte de la ola de levantamientos populares, antidictatoriales y antiimperialistas que barrió todo el norte de África y el Medio Oriente y logró el derrocamiento de dictaduras proimperialistas que durante décadas habían oprimido a sus pueblos como las de Túnez y Egipto.

Pero a poco andar, en el heterogéneo frente libio incidieron, hasta llegar a predominar, empresarios y políticos ligados a diversos imperialismos, muchos de ellos hasta hacía poco altos miembros del propio gobierno de Gadafy. Ahí es donde entra a actuar la OTAN.

En nombre de la “protección de civiles”, los imperialistas “atlánticos” llevaron a cabo bombardeos masivos y asesinaron a miles, violando las resoluciones que las mismas grandes potencias impusieron en el Consejo de Seguridad, atacando objetivos civiles y financiando y armando a las facciones afines dentro del frente rebelde. Las Naciones Unidas han sido, así, nuevamente convertidas en cómplices de una guerra de conquista.

La intervención de los imperialismos les “robó” la rebelión a los sectores populares que querían acabar con el régimen tiránico y proimperialista de Gadafy, lejano ya de sus orígenes nacionalistas de fines de los ’60 y convertido desde hace décadas en entregador de Libia a intereses monopólicos rusos, franceses, ingleses, italianos, alemanes, chinos y norteamericanos.
El conflicto fue usado como pretexto para la intervención externa. Todos los recursos y los acostumbrados métodos brutales de la OTAN fueron y son puestos al servicio de los objetivos neocolonialistas –económicos y estratégicos– de las grandes potencias, primero para los bombardeos y la destrucción de la resistencia gadafista, luego para la búsqueda del dictador “desaparecido” que prometió “resistencia prolongada”, y de ahora en adelante para resguardar el nuevo “orden” imperialista de las previsibles luchas políticas, étnicas y tribales.

Son varios los imperialismos que jugaron y juegan sus cartas en Libia, el CNT firmó un acuerdo secreto con el gobierno de Sarkozy: a cambio de su respaldo “total y permanente” durante el conflicto, una vez terminado concedería el 35% del petróleo bruto del país a empresas francesas. Pero cuando la OTAN y las tropas rebeldes tocaron ya los suburbios de Trípoli y el poder de Gadafy se tambaleaba, el gobierno chino aseguró que “respeta la elección del pueblo libio”, urgió a que se pusiera en marcha una “transición estable” y se apresuró a reconocer y a establecer contacto con el CNT, y en los primeros días del levantamiento se hizo público que trabajaban en Libia no menos de 20 mil chinos. Hay quienes dicen que China es una de las razones de fondo de esta guerra, como causante de serios dolores de cabeza estratégicos de Washington respecto de la expansión china en África.

A pesar de la muerte de Gadafy, la guerra civil aún no terminó, y la lucha liberadora del pueblo libio tampoco. Sigue planteada la urgencia de su difícil unidad para una salida revolucionaria que abra paso a la reconstrucción física y política del país, sin intervención imperialista y garantizando su independencia y autodeterminación nacional, así como su integridad territorial y la soberanía sobre sus recursos.

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