Ferrocarriles Argentinos: Un medio de transporte con dos siglos de historia
La red ferroviaria argentina, una de las más extensas del mundo en su época y aún hoy de Latinoamérica, comenzó su historia a mediados del siglo XIX. En principio, su desarrollo fue fomentado por capitales argentinos sumándose posteriormente aportes ingleses y franceses que terminaron por tener mayor preponderancia.
El modelo agroexportador, basado en la producción agrícola y ganadera de la región pampeana, estuvo directamente relacionado a la expansión del tendido ferroviario puesto que gran parte se concentró en estas tierras fértiles del centro del país.
El estado nacional ocupó un rol muy importante en el tendido de las líneas denominadas ferrocarriles de fomento, en que las inversiones privadas no eran rentables. De esta manera, se fue conformando una extensa red de tendido vial. A finales de siglo, existían alrededor de 16.500 kilómetros de vías de las cuales 2.000 pertenecían al estado. El mayor crecimiento se registró entre 1870 y 1914.
La Nacionalización
El 13 de febrero de 1948 el presidente Juan Domingo Perón firmó el convenio de compra de los ferrocarriles que pasaron a ser propiedad argentina después de haber estado 90 años en poder de empresas británicas. En esa oportunidad, Perón se comprometió a conservar los puestos de trabajo de quienes servían a los capitales británicos y se continúo con la recuperación y reactivación de este medio de transporte.
El 1 de marzo convocó una movilización para anunciar una medida trascendente: la nacionalización. Inmensos carteles con la inscripción “ya son argentinos” rodearon la concentración. La decisión gubernamental fue centro de grandes controversias ya que la oposición consideraba que se habían pagado sumas exorbitantes por unos cuantos “fierros viejos”. De hecho, a partir de la Primera Guerra Mundial, con la progresiva declinación de Gran Bretaña en el comercio internacional, cesaron por completo las inversiones inglesas en la red. Este estancamiento se afianzó con la crisis económica del ‘30 que provocó una fuerte reducción de las exportaciones argentinas.
El comienzo de la devastación
Durante el período de reorganización nacional, a partir de 1976, se ingresó en una época de reducción acentuada del tendido ferroviario. En este contexto, se incrementó el levantamiento de vías y se realzó la clausura de ramales, dejaron de circular también muchos trenes de pasajeros, especialmente los que iban a la región noroeste del país y las inversiones en infraestructura comenzaron a mermar al punto de ser nulas, lo que terminó generando un grave deterioro.
Transporte de carga
En 1991, durante la presidencia de Carlos Menem, en que se aplicó una política de privatizaciones colectivas que incluyó el visto bueno de gran parte de la sociedad ante el argumento de que se trataba de empresas deficitarias para el estado, los Ferrocarriles Argentinos fueron desarticulados. Tanto los servicios urbanos de pasajeros como los trenes de carga fueron concesionados. La responsabilidad sobre los servicios interurbanos de pasajeros fueron transferidos a los gobiernos provinciales, la mayoría de los cuales no los continuó.
El servicio ferroviario, prácticamente desmantelado, sobrevivió como un transporte de carga alternativo relacionado al modelo agroexportador de sus orígenes.
Si bien el traslado de cereales en nuestro país se canaliza en camiones que cuentan con ventajas tales como el no estar limitado a volúmenes mínimos y recorridos determinados de carga, el mal estado de las rutas nacionales sumado al encarecimiento de los fletes a los puertos han convertido al tren en estos años en una alternativa viable para la transportación de granos.
Teniendo en cuenta que la frontera agrícola en Argentina se ha extendido, además del mayor volumen de exportación cerealera, pensar en un incremento en la utilización del ferrocarril como medio de transporte, aprovechando el menor costo del flete y que la distancia entre las zonas productivas y los puertos ha variado, considerarlo como una alternativa es una realidad.
Sin embargo, es necesario rediseñar la infraestructura ferroviaria en favor de las necesidades actuales, continuando con la reconstrucción de las vías desmanteladas, mejorando la eficacia de los trenes, reorganizando los tendidos ferroviarios en regiones urbanas y portuarias a fin de convertir este medio de transporte en una opción competitiva y eficiente.
El transporte ferroviario cuenta con muchas condiciones a su favor: es recomendable para largos trayectos, sus fletes son más bajos, contribuye a la disminución en la contaminación del medio ambiente, del congestionamiento y, por su historia ligada al desarrollo económico del país, se debería fortalecer su presencia en la actualidad.
Estratégicamente, el tren unía a cientos y cientos de pueblos que quedaron a la deriva con su desaparición. En su momento fue Inglaterra, hoy es China quien quiere adueñarse de la concesión con ayuda del gobierno. El tren debe ser popular, nacional, en beneficio de los más postergados de nuestra sociedad y el forjador del fortalecimiento de la identidad argentina.
Juliana Bruno en Revista SURsuelo N° 7 - Febrero 2011
