Vigencia del pensamiento del Che
Ernesto “Che” Guevara nació por casualidad el 14 de junio de 1928 en una casa ubicada en la esquina noroeste de Entre Ríos y Urquiza. Hijo de una familia con raíces oligárquicas, los Guevara Linch de la Serna, muy venidos a menos en lo económico y con alguna tradición democrática, particularmente durante el transcurso de la Guerra Civil española.
Inició sus estudios de medicina en Buenos Aires en el año 45. Antes de terminar la carrera se dedica a recorrer Argentina y Sudamérica en bicicleta con motor, motocicleta y por cualquier otro medio.
En el norte argentino y en Chile encuentra una Latinoamérica distinta a como se la imaginaba desde Buenos Aires. En el norte chileno convive con una familia de mineros comunistas de Chiquicamata, un inmenso mineral de cobre propiedad de una empresa yanqui y conoce la superexplotación y la resistencia.
Es posible imaginar que en Bolivia y Perú se sorprendiera por los testimonios de las civilizaciones indígenas, cuyo desarrollo habrá chocado con las concepciones europeístas de las clases dominante argentinas, siempre a Inglaterra en lo económico y a París en lo “cultural”. Y también puede conocer a los descendientes de esos pueblos como esclavos de los propietarios feudales de las tierras y de las empresas mineras imperialistas.
Tanto en su primer viaje, como enfermero, como en el que hará después, pone sus conocimientos médicos al servicio de los pueblos pobres que recorre. Particularmente, en leprosarios de Perú y Venezuela.
Vuelve a Buenos Aires y, recibido de médico en 1953, emprende un nuevo viaje por América. En Bolivia conoce la “Revolución Nacionalista” de Paz Estensoro con la nacionalización de las minas, la reforma agraria y la disolución del Ejército de la rosca minera de los Rotschild, Patiño y Aramayo.
El Che se incorpora a la lucha popular.
El imperialismo yanqui, al que ha ido conociendo por su voracidad explotadora, le aparece con toda su saña criminal en la represión a sangre y fuego del proceso democrático y nacionalista abierto en Guatemala en 1954. En esa lucha comienza curando a los heridos y termina participando en la resistencia popular, que finalmente es aplastada. Salvado por la embajada argentina es expulsado a México donde se encuentra con un grupo de exiliados cubanos que sueñan y preparan la liberación de Cuba de la dictadura de Batista, que ha convertido más que nunca a la isla en el garito y prostíbulo de los yanquis ricos y ha reforzado el monocultivo del azúcar sobre la miseria del pueblo cubano.
En ese grupo hay estudiantes y profesionales democráticos, como Fidel Castro que ya ha encabezado un intento libertador con el asalto al Cuartel Militar de Moncada. Muertos la mayoría de los participantes, Fidel encarcelado, juzgado y finalmente deportado. También hay integrantes del PSP (nombre del Partido Comunista de Cuba) como Raúl Castro. Y son entrenados militarmente por combatientes internacionalistas que participaron del lado republicano en la Guerra Civil española.
En ese periodo, el Che toma contacto con la teoría revolucionaria en algunos textos de Marx, Engels y Lenin, del marxista peruano Mariátegui y del revolucionario cubano Martí. Finalmente, a fines de 1956 un grupo de 81 hombres decide desembarcar en Cuba a bordo de un viejo barco, el Granma.
Cuba.
El desembarco se transforma en un desastre y sólo quedan 12 combatientes dispersos tratando de sobrevivir. Se encuentran con un campesino del Partido Comunista Cubano, Crescencio Pérez, quien junto con otros de la zona han participado de la lucha por la tierra en la zona llamada Realengo 18. Así, mientras el grupo constituye una base revolucionaria en la Sierra Maestra y su lucha se va transformando en guerrilla campesina, el Che va pasando de médico a combatiente y de combatiente a comandante. El Che estudia y hace estudiar a sus compañeros en particular dos textos: El Estado y la Revolución de Lenin y Problemas estratégicos de la guerra de guerrillas de Mao Tsetung. La lucha en la montaña se va uniendo a la de los obreros y estudiantes de las ciudades que protagonizan paros y levantamientos. El ejército del dictador va siendo golpeado, desmoralizado y colocado a la defensiva. Se constituyen columnas que bajan de la sierra, una de las cuales es comandada por el Che.
Finalmente, el 1º de enero de 1959 el Ejército Revolucionario ocupa La Habana, se instala un Gobierno Provisional Revolucionario, representativo de un Frente Único Anti-Batista amplísimo y se declara a Cuba Territorio Libre de América.
Inmediatamente se desata en Cuba un duro enfrentamiento, básicamente entre dos posiciones; limitar la revolución a algunas conquistas democráticas y algunos derechos sociales o profundizar la revolución. Transformando la base económica del latifundio monoproductor de azúcar, base de la dependencia política, entregando la tierra a los campesinos, diversificando la agricultura, comenzando a desarrollar la industria y revolucionarizando las relaciones de producción y sociales. Con una democracia verdadera para el pueblo basada en la destrucción del ejército y la policía reaccionarios y la hegemonía de los revolucionarios en el nuevo ejército popular. Y esto hay que hacerlo en el marco de una creciente hostilidad de los Estados Unidos que comienza con el incendio de cañaverales por aviones piratas que despegan desde bases norteamericanas, hasta la invasión militar en gran escala organizada por la CIA y los “gusanos” cubanos aplastada en Playa Girón en abril de 1961.
Ahora encontramos al Che ocupando otra trinchera: la construcción económica de una nueva Cuba, desde el Instituto de la Reforma Agraria, el Banco Nacional, el Ministerio de Industria, etc., para lo cual estudia concienzudamente tanto la economía burguesa como el marxismo.
La situación mundial.
Acá conviene detenerse en el análisis de la situación internacional de ese momento, caracterizada por dos aspectos contradictorios. En primer lugar una gran oleada revolucionaria surgida a la finalización de la Segunda Guerra Mundial. El papel principal en las derrotas de Hitler jugado por la Unión Soviética dirigida por Stalin, por la heroica resistencia antijaponesa en China encabezada por Mao Tsetung y por la acción de los comunistas en la resistencia antifascista en Francia, Italia, etc., se suma al debilitamiento de los imperialismos por la guerra y dan como resultado que el socialismo pase a construirse en países que tienen una tercera parte de la población mundial y que la lucha por la liberación nacional abarque a la inmensa mayoría de los países coloniales, semicoloniales y dependientes, constituyéndose un heterogéneo pero poderoso Tercer Mundo. China, Vietnam, Corea y Cuba forman parte avanzada de esa oleada revolucionaria, que se expresa en nuestro país con los planes de lucha de la CGT, las luchas universitarias y antiimperialistas que preanuncian en auge de 1969.
Pero el aspecto principal de la situación mundial es que durante los años ’55 al ’57 se ha producido la más grande derrota de la clase obrera y los pueblos: la restauración del capitalismo en la URSS. Ya que, a la muerte de Stalin y aprovechando errores cometidos en la construcción del socialismo, un grupo reaccionario dirigido por Jruschov ocupa el poder a través de un golpe de estado para restaurar el capitalismo, aunque por muchos años se sigan llamando a sí mismos socialistas o comunistas.
“Sin independencia económica no hay soberanía política”
¿Qué tiene que ver esto con el Che? Mucho, porque en la batalla por enfrentar a los EE.UU., profundizar la revolución y marchar al socialismo en Cuba, que toma una intensidad muy grande después de la invasión de 1961, pasa a tener un peso predominante las presiones de la URSS, presentándose como aliada natural de Cuba y empujando al cambio de la anterior dependencia frente a los yanquis, por una nueva dependencia con los rusos a través del monocultivo azucarero y el comercio sólo con la Unión Soviética, en lo que se denomina irónicamente “la división socialista internacional del trabajo”. Y una gran presión para penetrar y subordinar los servicios de seguridad y las Fuerzas Armadas cubanas, lo que quedará de manifiesto en la “crisis de los misiles” entre Jruschov y los EE.UU.
El Che analiza con agudeza estos fenómenos que son nuevos para los revolucionarios de la época y desarrolla teorías y acciones en Cuba para luchar contra este nuevo revisionismo como por ejemplo la lucha porque los factores morales ocupen un papel principal en la construcción del socialismo y no los estímulos materiales que preconizan los revisionistas rusos. O el apoyo incondicional a la lucha revolucionaria de los pueblos del Tercer Mundo, frente a los rusos que ora la utilizan, ora la traicionan de acuerdo a sus nuevas necesidades imperialistas.
La síntesis del pensamiento del Che durante este período podemos verla en su famoso discurso en la Conferencia de Argel de los países del Tercer Mundo en 1965, donde fustiga la política de los países llamados “socialistas” que venden a precio de oro las armas que los pueblos necesitan y subordinan a sus propias políticas expansionistas. Es en ese marco que concibe erróneamente que la instauración de “dos, tres o más Vietnam” puede cambiar el proceso que se ha abierto en la URSS y fortalecer la lucha revolucionaria mundial.
El guerrillero heroico
Y ya con la idea de instalar un foco guerrillero en Bolivia, que se convierta en uno de esos Vietnam, visita a Mao Tsetung en Pekín para solicitar su ayuda. Pero Mao ya ha comprendido la naturaleza irreversible de la transformación de la URSS de país socialista en imperialista y le aconseja permanecer en Cuba y defender allí la revolución y el socialismo. Pero el Che ha tomado su determinación. Previo paso por el ex Congo Belga se interna en 1966 en Bolivia con un puñado de combatientes cubanos, peruanos y bolivianos. Su internacionalismo consecuente, su integridad revolucionaria no alcanzan para impedir el cerco al que lo someten el Ejército boliviano y la CIA yanqui y el aislamiento total de la red de apoyo en la que se basó, totalmente controlada por los soviéticos y la traición abierta del PC boliviano de Monje y demás PC latinoamericanos (incluido el argentino), los ataques públicos de los Partidos Comunistas de Hungría y Checoslovaquia, etc.
Así transcurre la lucha heroica de un puñado de no más de 25 combatientes desde noviembre de 1966 a octubre de 1967, tiempo en el que no logran fundirse con sectores del pueblo boliviano, sin ningún contacto con el exterior, paulatinamente reducidos, en un proceso que se puede vivir dramáticamente releyendo El diario del Che que en el resumen que hace todos los meses reitera y reitera una pregunta: ¿por qué Manila no contesta? Y Manila en las claves del Che significa Cuba y Fidel.
Finalmente aislado, herido y con su fusil roto es detenido el 7 de octubre del ’67 en la quebrada del Yuro, entregado a la CIA, asesinado a sangre fría el 8 y hecho desaparecer su cadáver, porque le temen aún después de muerto.
Su ejemplo recorre el mundo
Y al revés de lo que sueñan los reaccionarios, la congoja de los pueblos se transforma en un nuevo impulso a las luchas de la clase obrera y el pueblo: el retrato del Che marcha al frente de los más diversos combates desde el Mayo Francés de los estudiantes y los obreros, hasta las luchas multitudinarias en Japón, del combate y la masacre de los estudiantes mexicanos en Tlatelolco hasta el cordobazo en la Argentina del ’69.
En esa situación los nuevos imperialistas rusos se sacarán definitivamente la careta con la invasión a Checoslovaquia en 1968, la invasión soviética a Afganistán y finalmente al apoyo a la dictadura de Videla, produciéndose una masiva ruptura en el Partido Comunista Argentino, al rescate de las banderas del socialismo, el comunismo, el antiimperialismo, levantadas entre otros por el Che.
Desde la muerte del Che han pasado 43 años y su historia y su ejemplo siguen vivos después de que han sido enterrados en el olvido todos los que lo asesinaron y los que lo traicionaron.
Tres posturas
Frente a este hecho se han desarrollado básicamente tres posturas:
La primera repite lo que el imperialismo y la reacción han tratado de hacer con todos los dirigentes revolucionarios queridos por el pueblo: desnaturalizar su historia, exaltarlo como un individualista heroico, líder de una causa inútil y perdida, de modo de transformarlo en un personaje inofensivo para ponerlo en las carpetas, los posters y las remeras.
La segunda, levantada desde cierta “izquierda” nos quiere convencer que el valor del Che consiste en que luchó por una “utopía”, o sea por lo que no se puede conseguir. Eso viene muy bien para una “izquierda” que considera imposible la revolución y por lo tanto se desespera por conseguir “espacios de poder”, bancas parlamentarias o un espacio en televisión.
Pero conviene releer las obras del Che, sus Pasajes de la guerra revolucionaria, el Discurso de Argel, sus obras sobre economía y el Diario de la Guerrilla.
Para recordar su lucidez, su autocrítica y su profundo humanismo revolucionario conviene recordar el desprecio visceral del Che por los “honores” que hacía por ejemplo cediera la casa principal de su cuartel de La Cabaña a uno de sus subordinados negros para enfrentar la discriminación racial. Conviene hacer todo esto para comprender el más profundo desprecio con que enfrentaría el Che esta teoría de la utopía. Porque él no encabezó al pueblo cubano con la consigna”Patria o Muerte, Venceremos”, ni llevó a sus más queridos camaradas de armas a vencer o morir en las selvas bolivianas para perseguir lo imposible, sino para acercar la causa justa y necesaria de los obreros y los pueblos, la causa de la liberación y el antiimperialismo, posible a pesar de las vueltas y revueltas de la lucha y de los errores que se cometan.
Y la tercera posición es justamente esta: que a pesar de sus errores, de su incomprensión de lo que había sucedido en la URSS, de su análisis equivocado del papel del foco guerrillero en Bolivia, el Che está vivo porque están totalmente vigentes las causas y los ideales a los que dedicó su vida.
Plenamente vigente
Porque el imperialismo lejos de hacer avanzar la humanidad con sus avances científicos y tecnológicos los ha puesto al servicio de la explotación cada vez mayor de los obreros y los pueblos dependientes. Ha profundizado la distancia entre países ricos y países cada vez más pobres e incluso ha profundizado las diferencias sociales y la discriminación de sectores de sus propias metrópolis.
Porque no han desaparecido las guerras imperialistas por el reparto del mundo, como la agresión yanqui a Irak, la ocupación inglesa en Malvinas. Y no han desaparecido los arsenales atómicos, los ensayos nucleares. Porque hambre, desempleo, miseria, la droga, la prostitución, y las condiciones miserables de vida son el marco en que viven, crecen y mueren una parte mayoritaria y creciente de los habitantes del planeta. Porque ni la represión abierta, ni las ilusiones en democracia que se basan en el control del poder económico y los aparatos represivos por los terratenientes e imperialistas han impedido que surjan y resurjan las luchas populares. Y mientras esto siga así, la vida y la muerte de Ernesto Che Guevara no habrán sido en vano y su memoria y sus ideales estarán en las luchas populares.
