06
Jul
2010

Los matrimonios y el sistema

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La Cámara de Diputados aprobó la reforma de la ley de Matrimonio Civil que permite el casamiento entre personas del mismo sexo. Distintas organizaciones de homosexuales declaran que la lucha viene de hace más de 20 años.

Esto ha sido un avance en los derechos democráticos de los homosexuales, y está generando un inmenso debate en toda la sociedad. La reforma consiste en reemplazar la definición "hombre-mujer" por "contrayente" para el casamiento civil, en el Código Civil. Además del derecho a contraer matrimonio, esta reforma beneficiará en todo lo que hace a los aspectos previsionales, licencias especiales y extraordinarias, asignaciones familiares y de cobertura de obras sociales. Particularmente, esta ley permite la adopción por parte de parejas homosexuales.

Todo esto muestra el peso de la "institución matrimonial" en nuestra sociedad, en la obtención de derechos elementales para las parejas y sus hijos, que muchas veces por no estar casadas según la ley, ven dificultado su acceso a la salud, la educación, el trabajo o la vivienda. Como corresponde al capitalismo, el matrimonio es fundamental a la hora de determinar la propiedad de los bienes, y la herencia.

Los argumentos que se desplegaron contra esta modificación mostraron la profundidad de conceptos muy reaccionarios, impulsados principalmente por instituciones religiosas. Tanto el Arzobispado de la Iglesia católica, como grandes rabinos, expresaron su oposición a "esta alteración del orden natural".

Para los marxistas, nada hay de "natural" en la sociedad, tampoco el matrimonio o la familia. Eso de que el matrimonio es "un hombre con una mujer", es un invento relativamente moderno en la historia de la sociedad. Engels, hace bastante más de 100 años, se ocupó de este tema, dando cuenta de los estudios antropológicos que mostraban la diversidad de uniones sexuales existente a lo largo de la historia, y contemporáneamente según las culturas y sociedades, con criterios que iban mucho más allá de la sola reproducción de la especie.

Las clases dominantes, con su típica hipocresía, "santifican" la unión matrimonial entre hombres y mujeres, ocultando la trama (que se expresa en todo un andamiaje legal) que en los hechos subordina a la mujer dentro de esta relación. De la mano de esta hipocresía, prefieren no hablar de ciertas cosas, como “el placer de encornudarse mutuamente”, que sienten los burgueses, al decir de Marx en el Manifiesto Comunista. Desde ya, en el matrimonio burgués, la que lleva la peor parte es la mujer.

Con respecto al matrimonio, sea éste heterosexual u homosexual, no se nos puede escapar que está regido por las leyes de la sociedad, en nuestro caso tan atrasada y dependiente que hasta no hace mucho consideraba en ese mismo Código Civil a las mujeres como si fueran "menores de edad" sin serlo, pudiendo disponer el marido de sus bienes. Ni hablemos del tema del aborto, o de los derechos de las mujeres con relación a la igualdad de derechos laborales, sociales, etc. Por tanto, si bien esta reforma del código es un avance democrático, las relaciones de pareja, las familias, el patriarcado tan arraigado
en todas las instituciones y costumbres, sólo cambiarán de fondo, cuando una revolución destruya los pilares de este Estado y se pueda construir una sociedad verdaderamente democrática para las grandes masas populares.

Valen sobre esto las palabras de Engels, cuando señaló que "el matrimonio no se concertará con toda libertad sino cuando, suprimiéndose la producción capitalista y las condiciones de propiedad creadas por ella, se aparten las consideraciones económicas accesorias que aún ejercen tan poderosa influencia sobre la elección de los esposos. Entonces el matrimonio ya no tendrá más causa determinante que la inclinación recíproca".

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