A casa...
Paliza, nos comimos un baile bárbaro y nos volvemos de Sudáfrica. La Selección Argentina volvió a caer en cuartos de final y se acaba la ilusión de muchos. Analicemos las causas que nos llevamos a esto.
La principal diferencia en el partido de hoy entre Argentina y Alemania fue que los nuestros hicieron agua permanentemente en defensa, nunca hicieron pie ante cualquier ataque alemán, y los europeos siempre, en todo el partido, incluso en el mejor momento argentino, bancaron la defensa, ordenados en el medio, no dejando jugar a los que saben, a Messi, a Teves, a Di María, aunque este último fue el que más intentó por la derecha.
Pero las deficiencias defensivas no fueron exclusivas de este partido, en la primera fase y sobre todo contra México, Argentina mostró complicaciones, pero que por la categoría del rival no fueron influyentes en el marcador. Y sobre todo por el poderío ofensivo en esos primeros partidos. Argentina siempre fue un equipo que puso por delante las individualidades por sobre el juego colectivo, dependiendo mucho de Messi y las atropelladas de Teves.
Y los teutones jugaron en equipo, con altos rendimientos de algunos de sus jugadores, pero fundamentalmente en equipo, partiendo desde atrás, con mucho orden. Bancando en los peores momentos como el comienzo del segundo tiempo y saliendo rápido, muy rápido de contra. Y teniendo versatilidad, atacando mayormente por los costados, cosa que no había hecho en su partido anterior (Inglaterra no tuvo volante central y atacaron mayormente por el medio), y teniendo a Bastian Schweinsteiger su mayor figura.
Pensando un poco para atrás, antes del mundial muchos no daban un peso por esta selección, que fue creciendo ante rivales menores y esa misma gente ya nos creía campeones del mundo. Alemania nos dio un golpe que nos bajó a la realidad. El exitismo argentino hace que ahora todo el mundo critique a la selección, a Maradona y algunos jugadores, pero que el árbol no nos tape el bosque, muchos estábamos ilusionados y pensábamos que se podía llegar a la final. Con el resultado puesto todos somos los mejores técnicos del mundo.
Ahora a pensar hacia adelante, con el objetivo en Brasil 2014. Y en Sudáfrica a hinchar por La Celeste.

